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Caracas,
martes 09 de febrero de 2010
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SociÁlogo / Cuerpo de Revista
Apuntes para el debate sobre la producción y circulación de ideas y políticas (neo)liberales
Resumen: Este texto se basa en que la construcción y consolidación de formas de sentido común en torno a las ideas, representaciones o imaginarios (neo)liberales están en permanentes procesos de resignificación y reconfiguración por parte de los actores sociales, quienes luego se encargan de hacerlos circular a través de prácticas político culturales concretas: movilizan políticas culturales de signo (neo)liberal. Con la idea de políticas culturales de signo (neo)liberal apunto a poner de relieve que el pensamiento (neo)liberal no es solamente una “doctrina económica”, sino un modelo societal que supone tanto una concepción del mundo como una epistemología, una forma de ser y de conocer.
Apuntes para el debate sobre la producción y circulación de ideas y políticas (neo)liberales. Un breve bosquejo del (neo)liberalismo a partir de la publicación de Camino de servidumbre[*]Alejandro Maldonado Fermín[**] Una veta para ahondar en el debate sobre la producción y circulación de ideas y políticas (neo)liberales[1], puede ser abierta con la guía de las siguientes preguntas: ¿cuáles eran, a escala global, los contextos anteriores a las ejecuciones de programas de ajuste estructural? ¿Cuáles eran las ideas que circulaban y cómo lo hacían? ¿Quiénes desde dentro y fuera de los gobiernos las impulsaban y legitimaban? ¿Qué papel jugaron los "líderes de opinión" y la "gran prensa" en todo aquello? ¿Cuáles fueron los actores sociales y los circuitos sociocomunicacionales (Mato, 2005b, 2005c) asociados que producían y hacían circular esas ideas? Éstas son sólo algunas de las posibles interrogantes que pueden plantearse. No obstante, son las que han orientado mis recientes investigaciones (Maldonado, 2005, 2006, en prensa). Pero, indudablemente, es necesario examinar algunas cuestiones teóricas antes de bosquejar lo que sucedía en el mundo a partir de la publicación del libro Camino de servidumbre. Usualmente se asocia la idea (neo)liberalismo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y/o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Si bien esta asociación responde a las políticas que han impulsado estos entes, solemos olvidar que ellos no actúan solos, por el contrario construyen alianzas. Para que el FMI, el BM y/o el BID actúen es necesario que en lo interno de cada país o región existan actores sociales que, por lo menos, coincidan con esas ideas y políticas, y que eventualmente desplieguen esfuerzos para facilitar la entrada a esas organizaciones. Incluso hay ocasiones en las que son actores locales quienes promuevan y activamente las propuestas de esas agencias. En general, la aplicación de estos programas no responde a acciones impuestas ni unilaterales por parte de esas organizaciones. Se dan, en cambio, algunas formas de relaciones sociales, usualmente mediadas por elementos simbólicos asociados con una determinada forma de ver y comprender el mundo, pero también por elementos de tipo político, de poder, asociados a nociones y prácticas hegemónicas, aunque con correlatos que pueden ser "contra-hegemónicos", o al menos de resistencia ante algunas situaciones. Es decir, no puede afirmarse que se dé, de suyo, una imposición absoluta, excepto en situaciones de dictadura, como fue el caso de la de Augusto Pinochet en Chile (1973-1990). En cambio, sí puede afirmarse que ocurren negociaciones simbólicas entre actores sociales que suponen resignificaciones de ciertas ideas, bien sea por la vía de consensos y acuerdos, o por la de conflictos y desacuerdos, o por combinaciones de éstos. La construcción de sentido común (neo)liberalEn intercambios y negociaciones simbólicas entre actores sociales ocurren procesos que otorgan sentido a las ideas propuestas por unos y otros, mediante el despliegue de estrategias y mecanismos diversos que pueden abarcar un amplio campo de contextos y actores sociales. Las formas de representarse las experiencias que tienen los diversos actores sociales constituyen su sentido común, cuanto menos respecto de ciertos asuntos específicos. En una sociedad nacional el sentido común no es unívoco, sino que coexisten diversas corrientes de producción de sentido y diversas articulaciones socio-comunicacionales en cuyo marco éste es construido, circula y se modifica permanentemente, a través de conflictos y negociaciones entre actores. Estas articulaciones incluyen a los llamados "medios de comunicación" (prensa, radio, televisión, cine, Internet, etc.) pero no se limitan a ellos, ni a los diversos usos de ellos. Lo comunicacional no se reduce a lo mediático. Al construir sus propias identidades sociales y producir sus formas de sentido común desde diversas perspectivas, los actores sociales participan en conflictos de sentido, negociaciones y disputas, que son parte de estos procesos de construcción de sentido (Mato, 2005c)[2]. Esos procesos de construcción de sentido no son lineales ni unilaterales, por el contrario, describen movimientos complejos, en constante resignificación a través de circuitos sociocomunicacionales[3]. Los circuitos sociocomunicacionales pueden definirse como conjuntos complejos de relaciones a través de los cuales los actores sociales hacen circular ideas y formulan propuestas políticas. En ese sentido constituyen también espacios de generación de opinión pública. En ciertos casos esos circuitos traspasan las fronteras locales -y nacionales- correspondientes a los ámbitos de acción habituales de los actores sociales. Por supuesto, para erigirse como marcos referenciales para los actores sociales es condición que se hable el mismo código, se comparta una visión del mundo al menos a grandes rasgos, de comprenderlo y de interpretarlo, además de ciertas pautas que posibiliten la acción. Por otra parte, esos circuitos son de distinto tipo y no incluyen sólo a los medios de comunicación e información, sino a un arco más amplio de actores sociales, sean éstos organizaciones o individuos, que se pueden valer de diversos medios, directos o indirectos, para movilizar y resignificar las ideas (Mato, 2005c). Algunos de estos medios son: reuniones entre intelectuales y académicos, o con funcionarios gubernamentales, con cámaras empresarias y con asociaciones de distinta índole; discursos en eventos por ellos organizados o en otros a los que estos actores clave son invitados; artículos de prensa y en revistas, especializadas o no; boletines internos y publicitarios; libros; cátedras en escuelas y/o postgrados universitarios; cursos y talleres; charlas y simposios; entre otros. Para Bourdieu (1999), estaríamos frente a sistemas de poder simbólico. Éstos "se distinguen, fundamentalmente, según sean producidos y al mismo tiempo apropiados por el conjunto de un grupo o, al contrario, sean producidos por un cuerpo de especialistas y, más precisamente, por un campo de producción y de circulación relativamente autónomo" (1999: 70). Es necesario comprender que al referirse Bourdieu al "cuerpo de especialistas" lo hace indicando que dada la división social del trabajo, hay un cuerpo de individuos que tienen como función estar a la vanguardia de la producción de sentido (1999: 70-71). En el proceso de construcción de sentido en torno a las ideas (neo)liberales, es clave la labor de un cuerpo de especialistas, que en este caso está constituido mayormente (pero no exclusivamente) por profesionales en economía. Éstos se erigen como los portadores de un saber indiscutible e incontrovertible, cuyas recomendaciones y definiciones están fuera de toda discusión que no sea de corte técnico[4]. Parafraseando a Morin (1994: 436-437), esas recomendaciones y definiciones técnicas elaboradas asépticamente por los economistas son una manera de romper con la complejidad del pensamiento, reduciéndolo a un pensamiento de corte tecnocrático y econocrático, para el cual la resolución de los problemas pasa simplemente por hacerlo de manera técnica y económica. Siguiendo a Foucault (2004) es posible hablar de que estos procesos son como el ritual en las sociedades de discurso, el cual "[...] define la cualificación que deben tener los individuos que hablan [...]; define los gestos, los comportamientos, las circunstancias, y todo el conjunto de signos que deben acompañar al discurso; fija la eficacia supuesta o impuesta de las palabras, su efecto sobre aquellos a los cuales se dirige, los límites de su valor coactivo" (2004: 40-41). Esos discursos terminan neutralizando el contexto histórico de su producción y realización, transformándose en sentido común universal (Bourdieu y Wacquant, 1999: 206-207). Podemos afirmar que los actores sociales intentan permanentemente construir hegemonía en torno a sus ideas, a través del despliegue de mecanismos y estrategias que tienen como propósito -no necesariamente explícito- instalar sentido común. Siguiendo a Gramsci (1967, 1970), en los procesos de construcción de hegemonía y de instalación de sentido común es vital la función de los intelectuales. Resulta, por tanto, plausible sostener que el rol de los intelectuales es procurar dotar de un cuerpo homogéneo de ideas y valores al grupo social del que forman parte, mediante la movilización de nociones comunes sobre cómo comprender e interpretar su/s visión/es del mundo. La movilización de esos parámetros comunes de entendimiento y razonamiento requiere de procesos permanentes de elaboración y resignificación de las ideas, los cuales se nutren de los relacionamientos locales, nacionales, transnacionales y/o globales que pueden sostener los actores sociales en distintas situaciones y contextos. Como veremos más adelante, esto es particularmente claro en el caso de la Sociedad Mont Pelerin. Por otra parte, es plausible sostener que no ocurren procesos cuyo resultado sea la consolidación de formas impositivas de construcción de sentido en torno a las ideas, cualesquiera que éstas sean. La falta de ocurrencia de procesos de consolidación de formas impositivas de sentido es posible porque los actores sociales que participan de esos procesos se mueven en ámbitos discursivos de permanentes redefiniciones y resignificaciones de ideas, los que a su vez están anclados en marcos referenciales de códigos simbólicos compartidos. Entonces, la "batalla" se libra en el campo de las ideas, siendo éste un espacio de debates y convencimientos, de intercambios, apropiaciones y rechazos. Al respecto Blundell, director del Institute of Economic Affaire (IEA) de Londres, Inglaterra, acota que "[e]n un sentido muy real puede decirse que la batalla de las ideas nunca se ganará. [...] En particular debemos asegurarnos que el pensamiento [neo]liberal continúe siendo relevante e inspirador" (2004: 23). Así, me es posible afirmar que las instituciones, en general, "tienen intereses de difusión de sus propias representaciones de las ideas clave que dan sentido a sus prácticas, entonces trabajan activamente [...] en la producción de formas de sentido común en torno a ellas" (Mato, 2004a: 72, énfasis en el original). Dados estos intereses, despliegan mecanismos de producción y circulación de sus ideas, a partir de los cuales la eficiencia simbólica (Lander, 1995) de los discursos que movilizan les permite ir consolidando formas de sentido común. Para los efectos de este trabajo, estas formas pueden ser llamadas genéricamente como formas de sentido común (neo)liberal. Las representaciones sociales son formas de interpretación y simbolización de su experiencia social que los actores producen en sus relaciones sociales, sea a escalas local, nacional o transnacional. Algunas de estas representaciones sociales pueden ser convertidas en referentes de una época, de un momento histórico, no importa qué tan largo o corto pueda ser éste. Pensemos por ejemplo en lo que significó el pensamiento keynesiano en tanto visión del mundo a partir de la década de los años treinta del siglo pasado; o también, cuarenta años después, de manera análoga la impronta del pensamiento hayeksiano (más adelante daré detalles al respecto). Ambas manifestaciones del pensamiento en distintos momentos históricos pueden ubicarse como referentes epocales, como formas de sentido común epocal (Gramsci, 1963, 1970). Es decir, en lo que respecta a la construcción y consolidación de formas de sentido común en torno a esas ideas, representaciones o imaginarios, que están en permanentes procesos de resignificación y reconfiguración por parte de los actores sociales, quienes luego se encargan de hacerlos circular a través de prácticas político culturales concretas: movilizan políticas culturales de signo (neo)liberal. Con la idea de políticas culturales de signo (neo)liberal apunto a poner de relieve que el pensamiento (neo)liberal no es solamente una "doctrina económica", sino un modelo societal que supone tanto una concepción del mundo como una epistemología, una forma de ser y de conocer. El (neo)liberalismo es una visión del mundo, en todo caso, un sentido común que intenta normar las relaciones entre Estado y sociedad, entre economía y política, pero también aquéllas relativas al trabajo, al esparcimiento, a la autoridad, la familia, la naturaleza, la vida en general, por medio de la objetivación de algunos elementos y patrones. De este modo, considero fundamental poder analizar esas relaciones desde una perspectiva cultural[5], como la que acá sostengo y, por ello, el establecimiento de la idea de que las instituciones que mencionaré más adelante movilizan políticas culturales de signo (neo)liberal. Hayek y Fisher: actores clave en la producción de redes (neo)liberalesEn 1944, Friedrich A. von Hayek (1899-1992) publicó el libro The Road to Serfdom (Camino de servidumbre)[6]. El propósito de este libro fue advertir a Occidente de los problemas que acarreaba para las sociedades adherir a algún tipo de ideología colectivista, cualquiera que fuese su signo. En ese sentido, en el Prefacio a la primera edición, Hayek fue claro al advertir que escribía un libro político y que su escritura la entendía como un deber ineludible, a despecho de que, de allí en más, sus trabajos más académicos sobre teoría económica fueran vistos a través del tamiz de Camino de servidumbre (Hayek, 2000 [1948]: 21-23). No obstante, pareciera que Hayek nunca imaginó la aceptación que tendría ese libro en diversos públicos. En tan sólo quince meses fue reimpreso en cinco ocasiones en Gran Bretaña. A comienzos del año 1945 fue publicada la versión estadounidense por la editora de la Universidad de Chicago. Por otro lado, en abril de ese mismo año, la revista Reader's Digest publicó una versión condensada de Camino de servidumbre, aún cuando Hayek consideraba que era imposible condensar su libro (Blundell, 1999: 17-18). Fue precisamente esa versión la que leyó Antony Fisher (1915-1988)[7], y esto no sólo cambió su vida (sobre este punto volveré más adelante), sino que además, tuvo un poderoso impacto en la circulación de ideas (neo)liberales. También fue publicada una versión en historietas que tuvo una gran aceptación (The Road to Serfdom in Cartoons). Sin embargo, a pesar de toda esta gran recepción inicial, fue el pensamiento de John Maynard Keynes (1883-1946) el que dominó los escenarios intelectuales y políticos durante el periodo inicial de postguerra. Todo esto trajo como consecuencia que las ideas de Hayek fueran vistas como extrañas, descartadas y, en algún sentido, hasta detestadas a la luz de los éxitos que las recomendaciones de Keynes generaban en muchos países: Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, entre otros. Esta situación se mantendría hasta fines de la década de 1960, cuando en algunos de esos países que siguieron la doctrina de Keynes comenzó a presentarse un nuevo fenómeno denominado "estanflación", que era la combinación de estancamiento económico con inflación y que generaba un nuevo reto para la ciencia y doctrina económica. De esta manera muchos volvieron la mirada y prestaron atención a los postulados de Hayek, originando un cambio importante en la manera de ver la economía, su manejo y las relaciones de ésta con el Estado y con el mercado. Sin embargo, Hayek siempre tuvo claro el panorama y sabía que debía trabajar desde la retaguardia para poder hacer prevalecer las ideas liberales. Una de sus primeras iniciativas fue reunir en abril de 1947 en la localidad de Mont Pelerin, Suiza, a un grupo destacado de académicos, mayormente economistas, pero también escritores, filósofos e historiadores, para discutir el estado del arte de las ideas liberales. Entre otros importantes personajes, asistieron a esa reunión Ludwig von Mises (1881-1973), profesor de Hayek en Viena, Milton Friedman (1912-), Karl Popper (1902-1993), Walter Lippman (1889-1974) y Antony Fisher, entre otros. Luego de varios días de deliberaciones, consintieron en volverse a reunir y redactaron una declaración de principios. En esta declaración, además de conformarse como la Sociedad Mont Pelerin (Mont Pelerin Society), elaboran un breve diagnóstico sobre los valores de la libertad, a partir de los cuales se erigían las más preciadas posesiones del hombre occidental (sic): libertad de pensamiento y expresión, las cuales estaban siendo amenazadas y cercenadas (ver: [consultado: 05.02.06]; traducción libre, AM)[8]. Es de destacar que esta sociedad no quería verse a sí misma ni como un partido político, mucho menos como un espacio para la propaganda política, ni como que se convirtieran en una ortodoxia. El único objetivo previsto era convertirse en un espacio para el debate, para el intercambio de ideas sobre todos los tópicos relativos a las ideas de libre mercado ( [consultado: 05.02.06]; traducción libre, AM). Además, en esa primera reunión acordaron seis puntos sobre los cuales trabajar: a) análisis y exploración de la naturaleza de la crisis económica en curso, así como brindar resguardo a aquellas personas cuya esencia moral y orígenes económicos sean otros distintos a los postulados por las ideologías colectivistas; b) redefinición de las funciones del Estado, así como distinguir más claramente el orden totalitario del liberal; c) métodos para el restablecimiento del Estado de Derecho y para asegurar su desarrollo de manera tal que ningún individuo o grupo esté en capacidad de cercenar la libertad de los otros, así como evitar que los derechos de propiedad se conviertan en la base del poder predatorio; d) posibilidades de establecimiento de estándares mínimos (aunque no hostiles o regulatorios) para las iniciativas y el funcionamiento del mercado; e) métodos para combatir el mal manejo de la historia a través de la promoción de creencias hostiles a la libertad; y, f) el problema de la creación de un orden internacional que conduzca al resguardo de la paz y de la libertad, que además permita el establecimiento de relaciones económicas internacionales armoniosas ( [consultado: 05.02.06]; traducción libre, AM). Desde su fundación, la Sociedad Mont Pelerin ha celebrado 34 Reuniones Generales, 28 Reuniones Regionales (una de ellas, la segunda, en Caracas, Venezuela, en 1969) y 6 Reuniones Especiales ( [consultado: 12.02.06]). Más de 500 personas provenientes de más de 40 países son miembros de la sociedad. Estas personas no son solamente economistas, hay también filósofos, historiadores y sociólogos, entre otros, así como periodistas, empresarios y académicos, quienes comparten esa visión del mundo y, en algún sentido, se han visto o sentido "aislados" en sus contextos por promover y defender las ideas liberales (ver: [consultado: 05.02.06]; traducción libre, AM). Por supuesto, la fundación y consolidación de la Sociedad Mont Pelerin no fue un hecho azaroso, más bien fue producto de un esfuerzo sostenido de Hayek, cuyos primeros indicios pueden leerse en Camino de servidumbre. Más adelante en este capítulo me abocaré a revisar algunos aspectos importantes abordados en ese libro. Por otra parte, pudiéramos pensar que la existencia misma de dicha sociedad y cómo ha funcionado desde hace casi medio siglo, la convierte en una experiencia transnacional, producto de procesos también transnacionales[9]. En el año 1974 Hayek recibe el Premio Nobel de Economía. Este hecho es considerado un hito, un punto de inflexión en lo que para Hayek era lo fundamental: la batalla de las ideas, la cual, hasta ese momento, parecía serle adversa. Por supuesto, sería ingenuo pensar que este solo acontecimiento marcaría el cambio definitivo. Por el contrario, es necesario observar que ese hecho se combina con algunos factores en distintas latitudes ocurridos durante el par de décadas siguientes. Algunos de esos factores fueron: las así llamadas crisis de los precios del petróleo y crisis de la deuda externa, la caída del bloque soviético, o más recientemente, la crisis asiática y el llamado "efecto tequila" en México. De esta manera, el quiebre positivo que supuso el Nobel para Hayek representa el inicio de una nueva etapa en esa lucha de ideas: la creación de think tanks ("tanques o usinas de pensamiento")[10]. Aunque anterior al otorgamiento a Hayek del Premio Nobel de Economía, el primer gran ejemplo de la etapa de desarrollo de los think tanks es la fundación, en 1955, del Institute of Economic Affairs (IEA), en la ciudad de Londres, Gran Bretaña. Es la primera iniciativa de este tipo fundada por Antony Fisher, quien así comenzaba a darle cuerpo al consejo que le ofreció Hayek años antes. El objetivo principal de este instituto era (y continúa siendo): "explicar las ideas del libre mercado al público en general, incluyendo a políticos, estudiantes, periodistas, empresarios, académicos y cualquier persona interesada en las políticas públicas" ( [consultado: 03.02.06]; traducción libre, AM). Sus primeros pasos fueron en el campo editorial, publicando libros, monografías, papeles de trabajo, dedicados a la divulgación de las ideas de libre mercado, en una época en la que este tipo de ideas no era el más aceptado. Casi en paralelo a la experiencia de Hayek y a la fundación de la Sociedad Mont Pelerin, incluso un año antes (1946), fue fundada en Estados Unidos la Foundation for Economic Education (FEE) por Leonard E. Read (1898-1983), que fue la primera organización de su tipo que se establece en ese país. La misión de esta fundación sería: "[convertirse en] el ejemplo más convincente y el espacio más apropiado para la difusión de los principios rectores de la libertad: la santidad de la propiedad privada, de la libertad individual, del Estado de Derecho, del libre mercado y la superioridad moral del principio de la elección y responsabilidad individual sobre la coerción" ( [consultado: 09.02.06]; traducción libre, AM). Desde sus comienzos esta fundación se propuso la difusión de la filosofía liberal y para ello se abocó tanto a la edición y publicación de textos, como a la invitación regular de reconocidos exponentes de las ideas liberales; como por ejemplo, Friedrich A. von Hayek, Ludwig von Misses, Milton Friedman, James Buchanan (1919-), entre otros (ver: [consultado: 09.02.06]). Años más tarde, las experiencias del IEA y de la FEE comienzan a ser replicadas en otras latitudes[11]. Por ejemplo, en 1974, se funda en Canadá el Fraser Institute (), cuya misión es, desde entonces, "medir, estudiar y comunicar el impacto de los mercados competitivos y de las intervenciones gubernamentales en el bienestar de los individuos" ( [consultado: 16.02.06]; traducción libre, AM). En Australia, en 1976, se funda el Center for Independent Studies (), cuyo norte es promover la libertad individual y la libre elección, una economía basada en el libre mercado, un gobierno democrático regido por el Estado de Derecho y una sociedad civil autónoma y libre ( [consultado: 16.02.06]; traducción libre, AM). En Gran Bretaña, en 1977, se funda el Adam Smith Institute () que desde su fundación ha jugado un papel muy activo en "el desarrollo de prácticas individuales que promuevan la elección y la competencia en los servicios públicos, así como en extender la libertad individual, la reducción de impuestos, la desregulación y cortar los despilfarros del Estado" ( [consultado: 16.02.06]; traducción libre, AM). Durante ese mismo año, pero en Estados Unidos, se funda el Cato Institute () que desde entonces "busca ampliar el debate en torno a las políticas públicas para permitir consideraciones típicas de los principios estadounidenses tales como gobierno limitado, libertad individual, libre mercado y paz" ( [consultado: 16.02.06]; traducción libre, AM). Un par de años más tarde, en 1979, también en Estados Unidos, se funda el Pacific Research Institute (). Este think tank promueve desde entonces los principios de libertad y responsabilidad individual, en el convencimiento de que la mejor manera de hacerlo es a través de políticas que engloben una economía libre, iniciativa privada y gobierno limitado (ver: [consultado: 16.02.06]). Considerando la "misión" que cada uno de estos think tanks se ha trazado desde su fundación, es plausible afirmar que, sintéticamente enunciados, sus principios rectores son libertad individual, libre mercado y gobierno limitado. Los documentos de fundación y/o presentación de cada uno de estos institutos están disponibles en su respectivo sitio en Internet. La revisión de los mismos permite afirmar que para impulsar esos principios esas organizaciones básicamente se concentran en: organizar reuniones, seminarios y encuentros con la presencia de destacados intelectuales y académicos liberales; producir publicaciones periódicas: revistas, boletines, ensayos y monografías breves y libros de intelectuales locales o foráneos; analizar y discutir políticas públicas y proyectos de leyes. Las anteriores no son las únicas actividades y acciones que emprenden, pero en líneas generales son las más comunes y sistemáticas. Esta manera de encarar su misión y de divulgar las ideas liberales ha rendido enormes réditos a sus promotores. Antony Fisher fue el mayor impulsor de la creación de estos espacios de intercambio y debate de ideas. De hecho, como ya lo comenté anteriormente, él mismo funda el IEA, pero, además, también fue Director Interino del Fraser Institute, y ha estado asociado directa o indirectamente al florecimiento de diversas iniciativas de ese tipo. Es importante destacar que de estos cincos centros que he mencionado someramente, dos de ellos son producto de la iniciativa expresa de Antony Fisher, quien los ayudó a fundar pensando en ser réplicas del IEA (el Fraser Institute y el Pacific Research Institute). Es más, en el caso del Pacific Research Institute fue él mismo quien junto a su segunda esposa, Dorian, se encargó de impulsarlo. Hay otra experiencia, un poco más reciente, que también lleva el sello de Fisher: el Manhattan Institute (), fundado en 1981 en la ciudad de Nueva York, EE UU (véase, para más detalle, Blundell, 2003: 52). Pero probablemente el paso más significativo dado por Fisher para asegurar una red mundial de institutos dedicados a la difusión de la ideas (neo)liberales ha sido la fundación de la Atlas Economic Research Foundation () en el año 1981. La Atlas Economic Research FoundationFisher funda la Atlas Economic Research Foundation (en adelante sólo la Atlas) con el objetivo -entre otros- de servir de apoyo para la creación de centros similares a lo largo y ancho del mundo, prestando especial atención a regiones tales como América Latina, África, Europa Oriental o el Sudeste asiático. La visión de la Atlas es clara al señalar que su pretensión es: "Lograr una sociedad de individuos libres y responsables, basado en los derechos de propiedad privada, gobierno limitado por el Estado de Derecho y el orden del mercado" ( [consultado: 04.02.06]; traducción libre, AM). Para ello, la Atlas establece como su misión: "Descubrir, desarrollar y apoyar iniciativas intelectuales alrededor del mundo que tengan el potencial de crear institutos independientes de políticas públicas y programas relacionados, los cuales estén en sintonía con nuestra visión, así como dar apoyo progresivo a aquellos institutos y programas establecidos" ( [consultado: 04.02.06]; traducción libre, AM)[12]. Para 1988 ya funcionaban unos 30 institutos en 20 países, mientras que para 1991 eran cerca de 100 en 76 países (Blundell, 1999: 25). En la actualidad, el sitio en Internet de la Atlas ofrece un directorio con más de 560 think tanks a lo largo y ancho del planeta (ver: [consultado: 04.02.06]). Según los datos que suministra Mato (2005b, en prensa), la Atlas desde su creación ha promovido y apoyado logística y financieramente a más de 100 instituciones a escala mundial, manteniendo contacto de trabajo permanente con más de 200 instituciones en unos 67 países (2005: 145). Esto ha permitido, en buena medida, el establecimiento de una importante red en torno a la Atlas. Es plausible afirmar que no es un asunto sólo de recursos financieros para sostener iniciativas de este tipo y tampoco de apoyo técnico o de asesoramiento. Parece ser más un asunto de "confluencia" de intereses, de compartir visiones de mundo; esa particular visión de mundo que Fisher se comprometió a difundir y diseminar por el planeta tras una importante conversación que sostuvo con Hayek en 1945 en la London School of Economics, a propósito de lectura de la versión condensada de Camino de servidumbre publicada en la revista Reader's Digest. Quizás un ejemplo significativo de la labor "evangelizadora" de Fisher -y de la que más tarde sería expresamente encomendada a la Atlas- sea el caso de los intentos de promover la creación de un think tank en Venezuela, los cuales pueden remontarse al año 1981. En una carta que Fisher le dirige a Timothy Otis Browne, en su condición de amigo del empresario venezolano Gustavo Vollmer, le manifiesta su gran interés y especial consideración por la ciudad de Caracas como un lugar idóneo para el funcionamiento de un think tank. En esa misma carta, le hace algunos señalamientos importantes en vista de la posibilidad de impulsar un proyecto de este tipo. Dice Fisher en su carta:
No obstante, será recién en 1984 cuando se funde el primer think tank (neo)liberal venezolano, el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE). Sin embargo, es importante destacar que su fundación no contó con el patrocinio inicial ni de Fisher, ni de la Atlas, aunque tiempo después CEDICE logró consolidar apoyos importantes de éstos. Camino de servidumbre, la piedra filosofal del pensamiento (neo)liberal del siglo XXLa trascendencia inmediata y persistente hasta nuestros días que Camino de servidumbre ha tenido en muchos círculos intelectuales, especialmente los así denominados liberales, justifica dedicarle unas páginas. En algún sentido, Camino de servidumbre es un libro paradigmático, no sólo debido a la importante recepción que le dispensó el público de Gran Bretaña y Estados Unidos, principalmente, sino también por todo lo que ha representado -y aún en nuestros días representa- para un sinnúmero de políticos, académicos y empresarios. Pensemos nada más en Antony Fisher y lo que para él representó haber leído la versión sintetizada de este libro en Reader's Digest. Gracias a esa lectura, Fisher se propuso entrevistarse con Hayek para consultarle cuál sería la mejor manera de defender las ideas de libertad, recibiendo el consejo de no lanzarse a la política sino, por el contrario, buscar maneras de incidir en los formadores de opinión pública, en los intelectuales y académicos y que fueran ellos los que convencieran a los políticos. Por otro lado, podemos también pensar en la versión en comics de Camino de servidumbre a la que hice referencia al comienzo de este texto. En palabras de José Vergara Doncel, académico español, traductor y prologuista de las obras de Hayek, en el prólogo a la primera edición española de Camino de servidumbre de 1948: "[este libro] se propone, fundamentalmente, demostrar la esencial identidad de socialismo y totalitarismo, especies ambas de un mismo género: el colectivismo, y la incompatibilidad irremediable entre colectivismo y libertad humana. No bastaría ello para explicar la difusión, aunque sobraría para justificar la importancia de este libro" (Vergara, 1948: 8). Considero que es también paradigmático por la discusión planteada no en términos económico-matemáticos (en el sentido de cifras, datos, tablas, ecuaciones, fórmulas, etc.), sino más bien en términos políticos, con el propósito claro de confrontar las tesis del socialismo y de cualquier forma de colectivismo. Al punto que Hayek se convierte en un antagonista de Keynes en el terreno de las ideas y políticas económicas. Recordemos que para el momento de la publicación de Camino de servidumbre, Keynes es el máximo exponente del pensamiento económico hegemónico, que, nada más y nada menos, había logrado reflotar la economía estadounidense tras una década de depresión económica surgida después del crash bursátil de 1929. Reconocer la importancia de Camino de servidumbre no implica desconocer los otros libros y escritos de Hayek, los cuales tienen valor en tanto continuación, refinamiento y profundización de las ideas esbozadas en este libro. No obstante, mi investigación no ha estado orientada a analizar las ideas desarrolladas por Hayek a lo largo de su vida intelectual y mucho menos en cuáles son las ideas de otros autores liberales[13]. Por el contrario, mi interés es indagar acerca de cómo se producen esas ideas, en cuáles contextos, cómo circulan, a través de cuáles circuitos. Visto así, Camino de servidumbre es fundamental para intentar dar respuesta a esas preguntas. También hay un elemento que no debo dejar de destacar. Hayek fue el promotor intelectual más dedicado y decidido de lo que podemos denominar como "movimiento liberal". No lo fue sólo por haber escrito Camino de servidumbre, sino también por haber reunido en Mont Pelerin a un grupo de empresarios, intelectuales, académicos y artistas para sentar las bases para la defensa del liberalismo y la fundación de la Sociedad Mont Pelerin. En algún sentido, Hayek y el grupo de personas que logró nuclear en torno a las ideas liberales constituyeron para la época una suerte de "movimiento contra-hegemónico" (respecto de la hegemonía de las ideas keynesianas) que con mucho ahínco y dedicación supo calar en muchos espacios y circuitos hasta instalar cierto sentido común (neo)liberal[14] y, digamos, romper con la hegemonía del pensamiento fordista-keynesiano. Probablemente un hito importante en este proceso de ruptura fue la concesión del Premio Nobel de Economía a Hayek en 1974, que coincidió (seguramente no por azar, aunque aquí no puedo ocuparme de elaborar al respecto) con la llamada "crisis de los precios del petróleo" y los cambios que a partir de la misma se generaron en el sistema económico internacional[15]. Hay que destacar que Camino de servidumbre, además de ser expresamente considerado por Hayek como un libro político, es también uno de defensa del pensamiento liberal en su sentido más clásico. A la vez, debe destacarse que representa un esfuerzo sistemático para la defensa de lo que para él era la forma de organización de la sociedad más idónea (el liberalismo), en contraposición a los cambios asociados a cualquier forma de pensamiento colectivista (llámese socialismo, fascismo, nacional-socialismo, por ejemplo), poniendo especial atención a lo que comenzaba a sentirse y vivirse en Gran Bretaña con el keynesianismo. Es decir, este libro es un constante contrapunteo en el que Hayek mantiene una tensión discursiva entre los preceptos del liberalismo y los del socialismo, remarcando las fortalezas y potencialidades del pensamiento liberal. Entre otras cosas, en su libro, Hayek sostiene lo siguiente:
Para Hayek parece ser claro que la sociedad europea ("la civilización occidental") tiene raíces liberales e individualistas que datan desde su propia conformación como sociedad, de allí las referencias a Grecia y Roma, y al Cristianismo. Pero también parece ser para él un elemento de importancia capital el hecho de que Gran Bretaña haya sido la cuna de las grandes ideas liberales, las cuales se expandieron por el mundo occidental por varios siglos, llegando incluso a ser las hegemónicas, hasta que, a causa de su propio éxito, comenzó la decadencia del liberalismo. "Pudiera incluso decirse que el éxito real del liberalismo fue la causa de su decadencia. Por razón del éxito ya logrado, el hombre se hizo cada vez más reacio a tolerar los males subsistentes, que ahora se le aparecían, a la vez, como insoportables e innecesarios" (Hayek, 2000: 49). Por otra parte, de acuerdo con la idea de supremacía del pensamiento liberal, toda forma contraria de pensamiento presenta algunas deformaciones importantes. Una de las más significativas es aquélla relacionada con su incompatibilidad con la idea de democracia. Aquí subyace una idea manifestada recurrentemente por Hayek: toda forma de colectivismo conlleva inexorablemente a formas de totalitarismo, las cuales cercenan los ideales del liberalismo, de la democracia y del capitalismo. Para sustentar esa afirmación da cuenta constantemente de los expedientes nefastos de ese momento histórico, representados por el nacional-socialismo alemán y el fascismo italiano, principalmente. Ahora bien, es importante agregar algunos elementos. En primer lugar, es notoria la contraposición entre el individualismo (expresado en la forma del liberalismo) y el colectivismo. Según Hayek, en tanto y en cuanto concepción del mundo, el colectivismo no es ontológicamente posible, lo es tan sólo el individualismo y aquél que está enmarcado en los principios económicos derivados principalmente de la idea de propiedad privada, los cuales constituyen la base de la pirámide que luego ha de posibilitar el desenvolvimiento de los ámbitos político y social. Así, Hayek sostenía que "[n]uestra generación ha olvidado que el sistema de la propiedad privada es la más importante garantía de libertad, no sólo para quienes poseen propiedad, sino también, y apenas en menor grado, para quienes no la tienen" (Hayek, 2000: 140). Por ello, los compromisos epistemológicos para la producción de conocimiento sobre la base de dicha concepción del mundo, parecen ser asumidos por la idea de la "libertad individual", la libertad del individuo por encima de todo. Es decir, el valor principal del individualismo no es otro que la libertad individual junto a un sentido de la independencia y de la tolerancia -éstos tomados de la tradición cristiana. En cualquier caso, la noción de homus economicus es la que prevalece hasta convertirse en el rasero por el que se mide el desempeño de cualquier sociedad. Por tanto, no es casual que, en Camino de servidumbre, Hayek sea taxativo al afirmar que es la competencia el principio perfecto para el ordenamiento de la sociedad. Al respecto afirma:
Sin embargo, la competencia requiere del buen desenvolvimiento de otras instituciones: dinero - mercados - canales de información, más el establecimiento de un sistema legal que se adapte a las exigencias de la competencia (Estado de Derecho). En pocas palabras, la competencia es inexorable y requiere de un valor de cambio que circule en un espacio definido sin restricciones, además de que todos se enteren de que ambos existen y se desplazan bajo reglas generales, no particulares que permiten la existencia de igualdad de condiciones.
Dada la complejidad de la vida y del orden social, generada por la incesante división social del trabajo, la competencia funge como el único patrón efectivo de ordenamiento que no viola los principios liberales por excelencia (libertad económica, política y de innovación). Para lograr esto, el sistema de precios se presenta como aquél que permite hacer los correctivos y reacomodos necesarios para continuar la marcha y evitar las desviaciones y/o distorsiones que se pudiesen presentar. Por otro lado, en opinión de Hayek, no es posible imponer patrones sociales que restrinjan la acción individual. Para ello, la principal misión del Estado es garantizar el pleno funcionamiento de la competencia, entre otras cosas, resguardándole en torno al desmantelamiento de cualquier forma de proceder que atente contra ella y sus componentes, por ejemplo, el establecimiento de monopolios, el fraude y el abuso (Hayek, 2000: 70). Sin embargo, Hayek acepta que se dispongan algunas restricciones, siempre y cuando éstas generen mayores ventajas que costos sociales; es decir, que faciliten el desempeño de la competencia. Según Hayek, el Estado debe proveer un sistema legal eficaz que se adapte a las necesidades de funcionamiento pleno de la competencia. Para ello ha de existir un Estado de Derecho que permita aquello, incluso que sea capaz de restringir las actuaciones del Estado mismo, sobre la base que simplemente éste debe actuar como un individuo más, sin privilegios, sin prebendas.
El Estado de Derecho en tanto sistema legal debe establecer únicamente "normas formales" que permitan una adecuada asignación de los recursos (económicos y políticos) a los individuos, quienes serán los que determinarán sus fines. Por lo tanto, las leyes no normarán los fines, sólo darán las garantías para que éstos puedan alcanzarse. Es primordial entender bien el punto de las normas formales para tener una perspectiva más clara de lo que para Hayek debe ser el rol del Estado:
El Estado queda, entonces, reducido a una mera convención, a una confluencia de intereses comunes cuyo propósito principal es garantizar el cumplimiento de las normas que requiere la convivencia social (Sabino, 1991: 10). Para eso su accionar debe estar lo suficientemente claro y divulgado, para saber abierta y eficazmente a qué habríamos de atenernos. Ahora bien, no se trata de reducir o achicar el Estado, per se. Se trata, en cambio, de restringirle su accionar de acuerdo a la instrumentación de las "normas formales" establecidas por el sistema legal:
De lo anterior podemos desprender que cualquier ideal de justa distribución de la riqueza, hecho que requiere no sólo de planificación por parte del Estado, sino de accionar en ciertas condiciones y circunstancias, está necesariamente reñido con lo que debe ser el rol del Estado en un Estado de Derecho de inspiración (neo)liberal. A sabiendas, incluso, de que la eficacia del Estado de Derecho en el cumplimiento y aplicación de las normas formales generé mayores desigualdades económicas: "No puede negarse que el Estado de Derecho produce desigualdades económicas; todo lo que puede alegarse en su favor es que esta desigualdad no pretende afectar de una manera determinada a individuos en particular" (Hayek, 2000: 113). Así, Hayek propone ver al Estado como un simple instrumento que permita, de la mejor manera posible, el funcionamiento de la competencia y de la libertad individual. Pudiera decirse, incluso, que el Estado pasa a ser una mera confluencia de intereses individuales que son normados sin atender a las circunstancias del momento. En algún sentido, el Estado queda restringido a ser un instrumento legislador, dador de marcos generales para el desenvolvimiento de los individuos, quedando totalmente fuera del ámbito de las decisiones y definiciones económicas. En definitiva, lo político queda subordinado a lo económico. En líneas generales, las ideas expuestas en este acápite, si bien no son las únicas expresadas por Hayek en Camino de servidumbre, sí son representativas de toda la discusión posterior en torno al (neo)liberalismo. Por supuesto, otros autores en otros contextos se han inclinado por unas u otras, así como también las han rechazado o resignificado. Así, podemos decir que las ideas predominantes en el libro de Hayek son las de: propiedad privada y libertad individual como la base de cualquier sociedad, primacía de lo económico sobre el resto de los ámbitos posibles de la vida social, rol del Estado en tanto garante de la confección y puesta en práctica de normas formales que permitan el desarrollo de la competencia en el marco de un Estado de Derecho eficiente y eficaz. Éstas son, también, las ideas que con más fuerza impulsan los think tanks, en los medios de información y en los predios académicos que suelen estar en la constante batalla de las ideas. Esa batalla a la que Blundell (2004) hace referencia y que define como el espacio permanente de contraste, disputas, revelación e inspiración de las ideas en general, pero en especial de las (neo)liberales, a pesar de que en rigor nunca será ganada por ningún cuerpo de ideas (2004: 23-24). 1989: ¿el "fin de la historia"? ¿Alguien ganó la batalla de las ideas?El año 1989 tiene un valor simbólico significativo por dos razones fundamentales: el comienzo del fin de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la caída del Muro de Berlín. Todo parecía indicar que Occidente había vencido y que esos dos acontecimientos le otorgaban el triunfo a las ideas occidentales, principalmente a aquéllas denominadas como (neo)liberales. Por lo menos así lo sostuvo Francis Fukuyama (1952-). Es interesante dedicar unas líneas a comentar las ideas expresadas por Fukuyama en un artículo publicado en 1989[16], en el cual ya da cuenta de ciertos aspectos relacionados con el fin de las ideologías, la derrota de cualquier forma de colectivismo y, en definitiva, la hegemonía de ciertas ideas y políticas a lo largo y ancho del planeta. Para Fukuyama, tanto los cambios implementados en China a partir de 1978, como la perestroika y el glasnot implementados por Gorvachov en la URSS desde su asunción como Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en 1985, significan el inicio de una etapa que pudiese llamarse como "post-histórica", pues estaríamos ante el fin de la historia en tanto que las ideas que alimentaban al socialismo habían sido derrotadas y, en consecuencia, tanto el capitalismo como la democracia liberal habían triunfado. "El triunfo de Occidente, de la idea de Occidente, es evidente ante todo por el total agotamiento de alternativas al liberalismo occidental que fueran sistemáticas y viables" (1989: [consultado: 22.02.06]; traducción libre, AM). En definitiva, para Fukuyama el fin de la historia es: "el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano. [...] la victoria del liberalismo ha ocurrido sobre todo en el reino de las ideas o del sentido, pero que está hasta ahora incompleta en el mundo material o real. Pero existen poderosas razones para creer que será el ideal que gobernará al mundo material [...]" (1989: [consultado: 22.02.06]; itálicas y traducción libre, AM). Sin embargo, Fukuyama es precavido y advierte que el fin de la historia no significa que todas las sociedades serán exitosas sociedades liberales. Basa esa aseveración en el hecho de que ni China ni Rusia son -y quizás tampoco llegarán a serlo- sociedades liberales; sólo han logrado impulsar tímidos cambios que les han apartado del camino de la confrontación de las visiones de mundo, adaptándose a la visión tanto económica como política del liberalismo en algunos ámbitos. Por ejemplo, China con la desregulación y privatización de la agricultura, y Rusia con algunos cambios políticos y democratizadores en el funcionamiento del PCUS y otras reformas más tímidas en el ámbito económico. Fukuyama se plantea la siguiente pregunta: "Si admitimos en este momento que tanto el fascismo como el comunismo, en tanto retos para el liberalismo, han muerto, ¿queda algún otro competidor ideológico [para el liberalismo]? O puesto de otra manera, ¿hay alguna otra contradicción en la sociedad liberal que no sea la de clase que no haya sido resuelta? Se sugieren dos posibilidades, las de la religión y del nacionalismo" (1989: [consultado: 22.02.06]; traducción libre, AM). Es decir, para Fukuyama todo lo demás habría sido resuelto en las sociedades liberales, sólo restan los retos derivados del fundamentalismo religioso y del nacionalismo exacerbado. Sin embargo, considera que ninguno de esos dos retos sería de suyo inmanejable. Fukuyama culmina su texto haciendo la siguiente aseveración: "la lucha ideológica universal que se ha llevado adelante atrevidamente con coraje, imaginación e idealismo, será reemplazada por el cálculo económico, por la solución permanente de problemas técnicos, por asuntos ambientales y por la satisfacción de las demandas de consumidores sofisticados" (1989: [consultado: 22.02.06]; traducción libre, AM). Ahora bien, es conveniente que nos preguntemos si acaso los cambios que se comenzaron a dar en China y en Rusia son suficientes para explicar este ascenso y consolidación de las ideas (neo)liberales, o si por el contrario, representan el punto de inflexión de los cambios que se estaban originando en el planeta desde al menos la década de los años setenta. Por ejemplo, Ezcurra (1998) sostiene que en el desarrollo del pensamiento (neo)liberal se da lo que ella conviene en llamar la "etapa estatal". Esta etapa está signada por la definición de las políticas y estrategias económicas de los Estados bajo el cartabón de reformas y ajustes que dictaba esta nueva doctrina. Por supuesto, no fue un proceso homogéneo, tuvo sus matices y resignificaciones. Anderson (2003), por su parte, hace un breve recorrido por el cuadro de reformas implementadas en los países y la corriente política que dominaba a esos Estados en esos momentos y da cuenta de cómo indistintamente los gobiernos, no importa si llamados de derecha, de centro o de izquierda, abrigaban entusiastamente ideas y políticas (neo)liberales. Esto más allá de los dos grandes íconos, Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en EE UU, cuyos gobiernos representarían el cenit de esas ideas y políticas. Sin sostener las tesis de Fukuyama sobre el fin de la historia y de las ideologías, de la victoria del pensamiento político y económico (neo)liberal, creo que es más fructífero detenernos a analizar cómo se han dado ciertas resignificaciones de las ideas y políticas económicas que han hecho posible esa escalada del (neo)liberalismo. La resignificación de las ideas y políticas económicasSi nos detenemos a armar las piezas del rompecabezas, podemos comenzar a divisar un panorama amplio de cómo las ideas y políticas económicas se han resignificado y orientado por otros patrones, muy especialmente por el (neo)liberal. Estos cambios no sólo han tocado las ideas del ámbito de lo económico, también el de otras más relacionadas con los ámbitos social, político, cultural. En algún sentido, a partir de la década de los años setenta ha habido un tránsito del modelo keynesiano al modelo (neo)liberal, más allá de los contextos de definición nacionales: institucionales, culturales, económicos, políticos. Dice Babb (2003) al respecto: Dada esta diversidad de contextos nacionales, llama la atención la tendencia reciente hacia la convergencia neoliberal. Después de todo, han ocurrido transiciones neoliberales casi en todas partes, independientemente del nivel de desarrollo (Francia vs. México), del tipo de régimen (Inglaterra bajo Thatcher vs. Chile bajo Pinochet), o del contexto cultural (India vs. Argentina). Una explicación posible para tal convergencia es que los responsables de las políticas en diversos contextos nacionales han llegado a soluciones técnicas comunes, basadas en un conjunto común de problemas: el neoliberalismo "funciona" (2003: 3). Además, en ese periodo de "transiciones neoliberales" correspondiente al último cuarto del siglo pasado (1975-2000), se comenzó a dar una ruptura en el imaginario económico, a partir del cual el keynesianismo, en cualquiera de sus variantes, lució como un modelo agotado, incapaz de resolver los nuevos desafíos que se le presentaban al sistema económico internacional: globalización de los mercados financieros, crecimiento de mercados de capitales en el exterior que evadían regulaciones nacionales, imposibilidad de mantener el sistema monetario nacional aislado de la especulación y la devaluación (Babb, 2003: 6). Fue imperante, entonces, buscar fórmulas novedosas que permitieran afrontar esos cambios al menor costo social posible para los Estados. No obstante, esos cambios no fueron asimilados tan rápidamente, incluso no se puede afirmar que en todos los lugares se dieron en el mismo momento y de la misma manera. Lo que sí parecía ser claro es que de allí en más la pregunta no era qué hacer, sino cómo hacerlo. Es decir, el qué estaba guiado por ese sentido común (neo)liberal, por esa convergencia tendencial neoliberal a la que alude Babb (2003), por esa irrelevancia expresada en si el gobierno que implementaría las reformas era de izquierda o de derecha (Anderson, 2003), o bien comunista, socialista o capitalista (Fukuyama, 1989).
Pero estos cambios no se dan sólo en el ámbito de la formulación de políticas económicas, se dan también en el de las prácticas. Es decir, en la formación de los responsables de pensar y aplicar esas políticas: los cuadros profesionales que tanto en el sector público como en el privado ocupan las posiciones técnicas, de toma de decisiones cotidianas, no de formulación de grandes políticas, sino de implementación de las mismas, es decir, la tecnocracia. Venezuela: algunos antecedentes importantesComo mencioné antes en este texto, desde principios de la década de los años ochenta Fisher estuvo interesado en fundar un think tank en Caracas, Venezuela. Al menos así lo manifestó en la carta que cité anteriormente. Sin embargo, en el caso de nuestro país es posible identificar otros antecedentes importantes. Un primer hito de envergadura en la construcción y promoción de ideas (neo)liberales en Venezuela, es la iniciativa liderada por Nicomedes Zuloaga, hijo y Joaquín Sánchez-Covisa: la revista Orientación Económica. Esta revista fue editada entre 1961 y 1973. El propósito de esta publicación era "transportar [sic] las ideas de la Escuela Austriaca de Economía a Venezuela" (CEDICE, 1999: 39). Objetivo no exento de dificultades intelectuales, pues para la época esas ideas solían ser consideradas como poco menos que blasfemas en un país rentista. Un segundo hito importante, se registra a partir de la influencia que comenzaron a tener dos grupos en los que convergían representantes de la elite empresarial con algunas figuras del mundo académico: Grupo Santa Lucía y Grupo Roraima. Estos grupos tuvieron sus momentos de incidencia en la opinión pública en el periodo comprendido entre 1965 y 1990. Ambos grupos sirvieron de plataformas activas de discusión e intercambios alrededor de algunas ideas relacionadas con el "libre mercado". También fungieron como espacios para la formación de personas jóvenes y para la difusión de políticas y propuestas alternativas a las de tipo rentista que predominaban en el país. El Grupo Roraima fue el que logró tener más influencia y alcance. De acuerdo con lo expresado por García-Guadilla y Roa (1997): "El Grupo Roraima, que puede considerarse como la raíz de las organizaciones sociales liberales, estuvo conformado por empresarios, intelectuales, académicos y líderes sociales. Su objetivo fue la discusión, análisis e investigación con el fin de elaborar una nueva propuesta política y económica para el país, la cual puede enmarcarse dentro de la tradición liberal" (1997: 9-10). En 1983 el Grupo Roraima edita su primer documento propositivo, principalmente con propuestas económicas, denominado: "Proposiciones al País: Proyecto Roraima, Plan de Acción". Cuatro años más tarde, en 1987, este grupo edita su segundo compendio de propuestas, libro que se titula Más y mejor democracia, en el cual presenta su propuesta política de país. Lo relevante de este grupo, es que representa la primera acción sistemática desde el emprasariado venezolano para generar debate y reflexión sobre el país y sus instituciones, "[...] identificando las siguientes características [en el Estado venezolano]: concentración de poder; estatismo; centralización política, financiera y administrativa; presidencialismo; partidismo; populismo y paternalismo extendido a todos los sectores. Estas características produjeron el exceso de controles administrativos y la restricción de las iniciativas privadas" (García-Guadilla y Roa, 1997: 10). Según estos mismos autores, "en la propuesta política del Grupo Roraima se observan los principios que caracterizan a un modelo democrático liberal: democracia representativa, Estado de Derecho fuerte, un aparato burocrático eficaz y eficiente, pluralismo social y protección y estímulo a la iniciativa privada; se resalta también la necesidad de educar a la población en los valores que rigen la democracia liberal y la economía de mercado" (1997: 11-12). Otro hito importante en la historia del (neo)liberalismo en Venezuela fue la fundación en 1957 de la Asociación Venezolana de Ejecutivos (AVE), cuyo objetivo es la consolidación del "liderazgo gerencial". Desde entonces ha promovido activamente la creación de espacios de formación y educación de ese liderazgo, entre los que destacan: el Dividendo Voluntario para la Comunidad, el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) (la AVE formó parte del grupo de instituciones promotoras de esta institución, aunque no fue la única), el Grupo Santa Lucía, Venezuela Competitiva, entre otros. Asimismo, resulta necesario reconocer la labor desempeñada por el periódico El Diario de Caracas, en tanto órgano de difusión de las ideas que gestaban ciertos actores sociales significativos, sobretodo a partir de que asumiera la dirección del mismo Carlos A. Ball en 1984, quien además fue miembro promotor y fundador de CEDICE. Eso significó una amplia apertura de este diario a ciertas personalidades que comulgaban con las ideas de libertad individual, economía de mercado, propiedad privada como derecho fundamental, igualdad ante la ley, seguridad jurídica y gobierno limitado. Por razones de espacio, me es imposible ampliar detalles sobre este hito. Para más detalles, puede verse Maldonado (2006). Si bien es cierto que las iniciativas antes mencionadas tuvieron impactos importantes en la promoción y circulación de ideas y políticas de tipo (neo)liberal, no fueron duraderas o no lograron articular un trabajo sistemático y organizado. Sin embargo, en algún sentido trazaron el camino inicial para otras instituciones que decidieron continuarlo. A modo de ejemplo, algunas de estas instituciones fueron: CEDICE, la Federación Venezolana de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción (FEDECAMARAS), y el Consejo Nacional del Comercio y de los Servicios (CONSECOMERCIO). Ahora bien, hasta este punto sólo he mencionado algunos hitos importantes y significativos en la conformación de espacios para la producción y circulación de ideas y políticas (neo)liberales en Venezuela, pero aún no he comentado algunos elementos contextuales que permitieron, en buena medida, que esas ideas y políticas pasaran de ser "alternativas" a ser de "necesaria implementación". A modo de ejemplo, veamos cuál era el contexto de Venezuela previo a la aplicación del primer programa de ajuste estructural, aplicado por el gobierno de Pérez, en 1989: i) desequilibrio de la balanza de pagos (se gastaba más en pagos al exterior de lo que ingresaba por concepto de exportaciones) lo que hizo mermar las reservas internacionales operativas, al punto que en enero de 1989, el presidente saliente, pero aún en funciones, Jaime Lusinchi, anunciara el incumplimiento del pago de la deuda externa. ii) Desequilibrio fiscal, sobretodo derivado del déficit financiero del sector público por la contracción de los ingresos petroleros, la poca recaudación tributaria interna, entre otros condicionantes. iii) Desequilibrio financiero, dado principalmente por la política de control de las tasas de interés y su desfase respecto de la tasa de inflación, lo que desmotivó el ahorro e incentivó la adquisición de divisas y bienes de capital. iv) Desequilibrio de precios por la política de subsidios permanentes y represamiento artificial de los precios de bienes y servicios, aunado a un excesivo intervencionismo en la asignación de los mismos. v) Desequilibrio cambiario dada la existencia de dos paridades (una preferencial y otro no-preferencial, por los efectos del control cambiario instalado después del así llamado "viernes negro" de febrero de 1983) cuyas diferencias considerables generaban notables distorsiones en el aparato productivo, además de incentivar prácticas altamente nocivas como el aumento del contrabando, o la sobre o subfacturación de las importaciones. vi) Deuda Externa mal administrada y contratada, llegando a representar erogaciones equivalentes a más del 50% de las exportaciones petroleras, lo que hizo a la merma de las reservas internacionales para cumplir con estos compromisos, considerando los otros factores como la caída de los precios del petróleo y los desequilibrios en la balanza de pagos (González, 1996). En ese contexto, algunos autores (Contreras, 2004; González, 1996; López Maya, 1999; Maza Zavala, 1996; Valecillos, 1992; entre otros), sostienen que las salidas implementadas fueron hechas a la medida de las "recetas" emanadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y acordes al así llamado "Consenso de Washington"[17], en el caso del programa implementado durante el gobierno de Pérez, mientras que el del gobierno de Caldera estuvo más ajustado a lo que se conoció como el "Post-consenso de Washington"[18]. Me parece necesario apuntar que considero que las razones antes señaladas no son suficientes para entender cómo se fue gestando y consolidando una política cultural (neo)liberal en el país que "abriera" los cauces para la implementación de cualquier medida de ajuste, pues los momentos de aplicación de dichos programas vienen necesariamente precedidos por procesos de construcción, promoción, circulación y resignificación de ideas y políticas, en los cuales han de generarse reconfiguraciones de las representaciones sobre "lo económico", "lo político", "lo social", "lo cultural", por ejemplo; y en los que se libran "batallas" simbólicas por las definiciones de esos campos y sus inter-relaciones, a su vez que apuntalan procesos de construcción de formas de sentido común. Para continuar elaborando este debate, considero necesario retomar las interrogantes con la que comencé este texto: ¿cuáles eran, a escala global, los contextos anteriores a las ejecuciones de programas de ajuste estructural? ¿Cuáles eran las ideas que circulaban y cómo lo hacían? ¿Quiénes desde dentro y fuera de los gobiernos las impulsaban y legitimaban? ¿Qué papel jugaron los "líderes de opinión" y la "gran prensa" en todo aquello? ¿Cuáles fueron los actores sociales y los circuitos sociocomunicacionales (Mato, 2005b, 2005c) asociados que producían y hacían circular esas ideas? Si bien no son las única posibles, considero que son un punto de partida para la realización de investigaciones sobre casos concretos que permitan tener elementos fácticos, no sólo teóricos, sobre cómo se han producido y puesto a circular ideas y políticas (neo)liberales. Quizás así podamos iniciar una ofensiva de sentido en la así llamada "batalla de las ideas". Notas[*] El presente texto es una versión de la Introducción y Capítulo I de Producción y circulación de ideas y políticas (neo)liberales en Venezuela. Tesis de grado para optar al título de Sociólogo. Caracas: Escuela de Sociología, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela. Referencias bibliográficas ANDERSON, Perry (2003) Capítulo I. Neoliberalismo: un balance provisorio, en Emir Sader y Pablo Gentili (comp.) La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y exclusión social. Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Disponible en: . |
SociÁlogo, Nº 1. Sequía, 2006.
Presentación
Vasos comunicantes (D.D.)Artículos y Ensayos
Apuntes para el debate sobre la producción y circulación de ideas y políticas (neo)liberales (Alejandro Maldonado)Sobre la inercia mental (Francisco Guacarán) Libertad (externa) (Pedro Fernández Quintela / Mónica Montero) Baudrillard y la seducción (María Angella Capasso) Informes
Los jóvenes no confían. Actitud crítica frente a a los programas informativos nacionales (Carolina Sayago)El Ciudadano y La Hojilla: televidencia, percepción y tendencias políticas (Luis Jesús Montiel / Yader Ñañez) Publicidad televisiva: ¿agente masificador de patrones de consumo? (Emiliano Teran Mantovani) Créditos de esta edición
Corrección de textos (Jessica Galindo Goitía) |
| Sociologando - SociÁlogo, 2006-2009. sociologando@sociologando.org.ve Caracas – Venezuela | ||
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