Caracas, viernes 25 de abril de 2014
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Experiencias de la sistematización de experiencias en Sociología
Fecha: 18-05-2010
Sección: Actualidad
Autor: Daisy D´Amario





 

Experiencias de la sistematización de experiencias en Sociología[1]

Daisy D´Amario

«....reasumirla como práctica entre otras prácticas».
M.F.

«...sujetos/objetos (actantes) nunca bien constituidos sino siempre en un proceso inestable y turbulento de continuas constituciones y reconstituciones».
E. L.

Desde finales del año 2007 en la Escuela de Sociología, frente a la solicitud de flexibilización de las formas y los tiempos de entrega del trabajo final de grado o tesis, que realizara un grupo de estudiantes que había cursado sus estudios bajo un pensum anterior, se comenzó a discutir e implementar el uso de la metodología de sistematización de experiencias. En el concurso de distintos(as) profesores(as)[2] se consideró que la experiencia laboral en el campo profesional de la disciplina, que ya poseían una muy buena parte de estos(as) estudiantes, podía ser objeto de relato y reflexión,[3] sustituyendo de este modo la investigación hipotética deductiva tradicional[4], entendida ésta como actividad previamente planificada: explicitación de marcos conceptuales y metodológicos antes de la incursión en el campo, en la realidad, en las experiencias (para contrastación).

Con base en este origen, se comenzaron a diseñar en términos prácticos los mínimos requisitos que debían cumplir los trabajos finales bajo esta metodología. Uno de ellos, que la experiencia debía ser a) laboral y b) sociológica.[5] La segunda parte de este requisito comenzó a decaer rápidamente cuando experiencias de tipo gerencial/corporativas o trabajos "manuales", como la atención de llamadas telefónicas, se hacían susceptibles de ser comprendidas sociológicamente. Con ello, al mismo tiempo, se diluyeron en medida considerable los pre-juicios de los límites del campo profesional para el uso de la sistematización, que estaba frecuentemente asociado al ejercicio de funciones públicas, a la elaboración, coordinación o seguimiento de políticas y programas sociales, o a la investigación social pública o privada. Y comienza a verse entonces que la metodología de sistematización en una escuela de sociología, y el trabajo final de grado, no se hacen académicos o sociológicos por la experiencia en cuestión que haya tenido el autor, sino por el tipo de análisis que se realice de la misma.

Otro de los requisitos estuvo constituido momentáneamente por la idea de que, luego del relato de la experiencia individual en el TFG, la reflexión debía tener como eje a la misma experiencia: analizando en qué sentido era sociológica o no, sus fortalezas y límites, los aprendizajes sociológicos que dejaba, y el lugar de la formación sociológica en su desarrollo. Pero la reflexión se fue descentrando de la experiencia propia, del sujeto-autor, posiblemente porque en términos prácticos apareció la necesidad sociológica de producir conclusiones analíticamente generalizables; así, en lo concerniente a la reflexión y aprendizajes sistematizados, el eje ha tendido a constituirse en torno a las instituciones, espacios o interacciones sociales, en medio de los cuales transcurrió la experiencia del autor. Desde una sociología de lo vivido, introducida explícitamente en la discusión sobre sistematización,[6] la experiencia de los autores ha servido para sistematizar el devenir, la experiencia de organizaciones o de actores sociales.

Cercano a ello comenzó a desdibujarse otro criterio, el no-investigativo.[7] La organización lógica de los recuerdos o de la memoria de las cosas hechas e, inclusive, de los documentos en posesión del autor, se hacían insuficientes para dar cuenta de lógicas institucionales o interactivas, había que emprender labores de investigación documental o de campo que permitieran sobre bases más seguras dar cuenta de la experiencia externa al autor: contextos históricos, institucionales, entrevistas y datos estadísticos son requeridos o aparecen entonces en los análisis.

Y, correlativamente, se hace visible de que no se trata de una metodología estrictamente cualitativa o inter-subjetivista comprensiva, sino que puede servirse de criterios de objetivación duros como los numéricos, o macro-interpretativos del contexto en que experiencias, procesos o instituciones se desarrollan. Es decir, de recursos típicos de los cuales los estudios y textos sociológicos se sirven.

De todo lo anterior lo más importante a resaltar es que la experiencia de la sistematización de experiencias en la escuela ya no cumple necesariamente con los requisitos o ideas iniciales de: ser subjetiva, centrada en la experiencia, el relato auto-biográfico, reflexiones y aprendizajes sobre/de el propio autor y sus conocimientos,[8] porque ellos pueden ser sólo un punto de partida para reflexionar sobre procesos externos, micros o macros; y allí, en el mejor de los casos, el relato adquiere una función testimonial de campo, para mostrar cómo-sé-lo-que-sé de mi objeto de estudio. Y, concomitantemente, deja de ser experiencial pura, en el sentido de que se sirve de formas de objetivación investigativa y ya no sólo del relato vivencial; es decir, las fronteras entre sistematización e investigación se hacen muy borrosas.

A nuestro parecer esta experiencia con la metodología de la sistematización nos recuerda algo que ya deberíamos saber -y que hace a este texto una perogrullada-, que en el orden de la práctica científica o académica, y particularmente en el quehacer en ciencias sociales, los metodologismos fracasan, hacen inútil o fetichizan los conocimientos.

Por nuestra parte, la experiencia que hemos vivido con esta metodología en la escuela, nos lleva a considerar que:

1. No necesariamente los sujetos hacen sistematización de sus experiencias porque partan de ella. Las investigaciones, los trabajos, los informes, pueden partir -como ocurre con demasiada frecuencia sin que se diga- de las experiencias laborales, familiares, políticas o íntimas, de las experiencias públicas o privadas, que tienen los sujetos investigadores.
2. No necesariamente un trabajo final de grado bajo la metodología de sistematización debe contener la descripción administrativa de la institución, el relato de las actividades laborales del autor y luego la reflexión. Tal como argumentamos en contra del metodologismo hipotético deductivo, la exposición (asuma ésta la forma que sea) de los resultados, la reflexión sobre los hallazgos, es el eje de los trabajos finales o parciales: habría que preguntarse entonces cuál es el objeto de la sistematización, qué cosa es analizada, de qué se extraen aprendizajes. Con ellos como centro, no hay forma fija: así como se debe sospechar de las secciones de textos que puedan ser trasladados de una tesis a otra, de un país a otro, de una época a otra, hay que hacerlos de las que sean prescindibles en términos de sus propios aportes.
3. No necesariamente una sistematización deba contener relatos o capítulos de relatos en el cuerpo de la tesis. Éstos, como otras informaciones de primera mano, pueden estar entretejidos con el texto principal, pueden ser citados fuera del texto, pueden ir en los anexos.
4. No necesariamente un trabajo de sistematización deba imitar una estructura ni una escritura monográfica. Puede ser ensayística.
5. No necesariamente deba ser ensayística, puede ser monográfica.
6. No necesariamente uno u otro género o las metodologías determinen los usos pronominales y verbales.
7. No necesariamente en la sistematización de experiencias se deba recurrir a otras fuentes, buscar y analizar datos, buscar y citar bibliografía.
8. No necesariamente deba restringirse a la fuente de su propio relato.
9. No necesariamente investigación y sistematización sean distintas.

Comprensiblemente, la practicidad de la vida cotidiana, el mundo de las recetas, nos lleva, sobre todo en los espacios de la academia y de enseñanza-aprendizaje (habitados por tribunales reales e imaginarios de los que participamos), a la fijación de/con fórmulas y estructuras para la elaboración de productos de conocimiento. Pero, no necesariamente haya que rendirse a estos procesos sociales y mentales normalizantes: ni dentro de los métodos hegemónicos ni dentro de sus alternativas.

D.D.
Caracas, 30/04/2010


 


 Notas

[1] Este texto es una especie de pequeña y apresurada sistematización de la experiencia del uso de esta metodología en la realización de Trabajos Finales de Grado en la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela. La participación en elaboración de criterios, las tutorías, la participación en jurados, la lectura de TFG, la observación y el diálogo con compañeros(as) y estudiantes en torno a la sistematización de experiencias la constituyen fundamentalmente. Y, allí, la tutoría de un reciente Trabajo Final de Grado tiene un peso decisivo, porque nos permitió ver, al menos como propio aprendizaje, parte de los esquemas prefijados que no dejamos de utilizar. El tiempo transcurrido desde el 2007 hasta acá y las formas de la escritura pueden dar la impresión de un largo proceso de ensayos y errores secuenciales; sin embargo, hay procesos y argumentos que se solapan, formas de comprensión inmediata de los errores cometidos, giros, etc.

[2] Las(os) profesoras(es), para ese entonces, jefas de departamento Tibisay Serrada (coord.), Patricia Yáñez, Mónica Venegas, María Victoria Canino, Coordinador Académico, Diego Larrique y coordinadora de la Comisión de TFG, Daisy D'Amario, conformaron la comisión creada en el seno del Consejo de Escuela para la elaboración de los criterios y la posterior organización de la implementación de la metodología por tutores(as) y estudiantes. También participaron activamente en distintos componentes de este proceso, entre los que recordamos, Flérida Rengifo (Directora de la Escuela en 2007), Elizabeth Zamora, Miguel Ángel Contreras, Gloria Marrero y Jessie Blanco.

[3] Recordamos particularmente una intervención de Flérida Rengifo en la sesión del Consejo de Escuela en que fueron presentados los criterios: se preguntaba si la experiencia de una trabajadora de un restaurante podía ser objeto de sistematización, o la de un ama de casa. Rápidamente todos(as) y ella misma desechamos la pregunta. Muy seguramente porque, con muy buenas razones, además de a la piratería académica (que lleva a poner límites con prontitud), temíamos a capítulos de tesis consistentes en los relatos de los quehaceres de trabajadoras(es) del hogar. La pregunta que nos hacemos hoy es, ¿por qué nos limitamos a pensar en esa posibilidad? ¿Acaso no puede ser posible un ensayo-relato-novela sociológica sobre la concreción de un tipo de experiencias que a todas luces es un fenómeno susceptible de ser analizado sociológicamente? O, acaso también, ¿no puede ser posible que el relato no sea el protagonista y lo sea la reflexión sociológica que, lamentablemente, es vista en el espacio del texto normalmente como "posterior" o "final"? ¿No pueden ser estas dos cosas al mismo tiempo, entre otras salidas posibles?

[4] Tal vez por una especial preocupación por este asunto, debemos hacer notar que, si bien el esfuerzo por constituir una alternativa de investigación y exposición de resultados distinta a los anquilosados cánones del método hipotético deductivo ha estado presente en la escuela desde hace tiempo y en distintos espacios, con los estudios de orden cualitativo, documentales, la propia sistematización de experiencias y la reflexión epistemológica y metodológica contemporánea, todavía falta mucho para que sus productos de conocimiento no sean una excepción o un accidente formativo. Afortunadamente, no obstante, y a diferencia de otras escuelas o comunidades académicas, una de las enormes cualidades de Sociología es que los metodologismos en general, entendidos como esquemas pre-fijados, inalterados o idealmente inalterables para el estudio de las realidades sociales y/o la exposición de resultados, no repercuten decisivamente en la prosecución académica de los estudiantes (no cobra vidas académicas estudiantiles). En parte, por esas aperturas y procesos de revisión epistemológica, teórica y metodológica que son característicos de la escuela y de esta disciplina; y porque, si bien hay hegemonía, no hay un solo tipo de metodologismo existente actualmente. Estudiantes y profesores tienen así alternativas metodológicas (y metodologistas) de diversa naturaleza para desarrollar los trabajos académicos.

[5] Las entrevistas realizadas a los(as) estudiantes del viejo pensum, iniciadas después de la aprobación de los criterios para el uso de la metodología de sistematización, debían servir para decantar quiénes podían, de acuerdo a la identificación de su experiencia y tipo, utilizar esta metodología.

[6] Recordamos particularmente los aportes de Elizabeth Zamora.

[7] Como cabe esperar, en las primeras discusiones y propuestas de esta metodología en la escuela se utilizaron categorías muy primarias para distinguir lo nuevo de lo viejo. Inicialmente, se distinguía tesis de sistematización, pero, entendiendo que los Trabajo Finales de Grados pueden asumir o no la forma de tesis, entró en desuso: todos los trabajos presentados por los estudiantes como requisito final de grado eran TFG y estos asumían diversas formas, tanto bajo las metodologías convencionales ya conocidas y utilizadas como bajo las nuevas. Sin embargo, si bien comenzó a entenderse que la sistematización no era algo distinto al TFG sino un tipo distinto de metodología para elaborarlo, se le trataba -y aún a veces- bajo una distinción muy macro entre investigación y sistematización, tal vez como método.

[8] Este requisito iba de la mano con otra idea: en la medida en que se trataba de la sistematización de la experiencia del autor, y de orden profesional-laboral, esto es, de experiencias estimadas como ricas, profusas o de tiempo considerable, los que podían realizar los TFG bajo esta metodología eran los viejos(as) estudiantes del viejo pensum; los nuevos(as), considerados inicialmente sin o con poca experiencia, no podían utilizarla para sus TFG. Esta idea también cambió, no sólo porque entre los(as) estudiantes del pensum vigente puede que algunos(as) tengan también amplia experiencia profesional o laboral, sino porque aun cuando sea "breve" -tan breve como la de un trabajo de campo- es base para el análisis de ella o del espacio social en que se desarrolla.




Nombre: Tatiana Gutiérrez Fecha: 22-06-10
Cometario: Hola Daisy!!!! es Tatiana, espero te acuerdes de mi, nos graduamos juntas en la UCV! hoy te vi en el Tolón y lamentablemente no pude saludarte, pero me quedó la alegría de verte nuevamente. Me encantaría que pudiéramos vernos!! déjame saber de ti, solo pude encontrarte por esta vía! besos 0414-2587510
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